BUENOS AIRES, LA "PARIS DEL SUR", SE DERRUMBA BAJO LA PRESIÓN INMOBILIARIA

Buenos Aires Sos (BAS).- Septiembre 2008.- (Agencia EFE).- Buenos Aires podría dejar de ser "la París del sur" en poco tiempo si la voracidad inmobiliaria continúa con el sistemático abandono y derrumbe de edificios antiguos a pesar de la movilización de los porteños por conservar su rico patrimonio arquitectónico.
Para el escritor Jorge Luis Borges, su ciudad era "tan eterna como el agua y
como el aire", pero Buenos Aires en los últimos años está cambiando de los
edificios de estilo francés, neogótico y art-noveau del siglo XIX a los
grandes rascacielos y bloques de viviendas modernos y lucrativos.
"Se está perdiendo nuestra identidad, nuestra idiosincrasia, lo que nos hace
ser porteños, y nos dirigimos hacia una ciudad plagada de edificios altos como
los que podemos encontrar en Dallas o Houston, sin identidad ninguna", lamenta
en una entrevista con Efe Gustavo Desplats, coordinador del movimiento anti-demoliciones
"Comuna Caballito".
Pero los porteños no se han cruzado de brazos mientras sus barrios pierden
personalidad y desde hace algunos años se han agrupado para luchar contra la
impunidad inmobiliaria.
Uno de los mas activos es el colectivo "Basta de demoler", que logró frenar el
derrumbe del Teatro Picadero, sede de un contundente movimiento cultural
contra la última dictadura militar (1976-1983).
En otras ocasiones, por el contrario, vecinos y asociaciones no ha conseguido
parar las máquinas y han asistido impotentes a la embestida de las grúas
contra las paredes que alzaron sus antepasados con la vista puesta en el otro
lado del Atlántico.
Así ocurrió con un emblemático edificio del barrio de San Telmo, uno de los
más antiguos y representativos de la ciudad, derribado para construir un
garaje.
Según activistas vecinales, la constructora era consciente de la ilegalidad de
la operación, pero aún así le resultó rentable porque la sanción legal sólo
impide construir más de 70 por ciento del inmueble derribado en ese terreno.
Con respecto a las sanciones económicas, ni fuentes de la dirección de
Patrimonio ni del área correspondiente de Patrimonio Histórico pudieron
concretar cifras.
Aunque no hay un registro oficial, la web de "Basta de Demoler" tiene
clasificados 59 edificios bajo la etiqueta de "demolición inminente", 25 "en
peligro" y 37 que ya han sido demolidos.
Recientemente, vecinos del cotizado barrio de Palermo exigieron a los
legisladores "medidas que limiten la construcción de torres y frenen la
demolición de casas antiguas" para evitar que este pintoresco vecindario de
casas bajas se convierta en una víctima más del "boom" inmobiliario.
"Los arquitectos hoy están más interesados en construir edificios de 50 pisos
que en conservar lo que construyeron sus abuelos", lamenta Desplats.
Basta con decir que la mitad de los edificios distinguidos con el Premio de
Arquitectura Municipal de Buenos Aires han sido demolidos con la connivencia
de los mismos que los premiaron para darse cuenta de que las autoridades
también persiguen más el interés económico que la preservación del patrimonio
cultural.
Las cifras hablan por sí solas: la Dirección General de Patrimonio de la
ciudad tiene 3.431 edificios registrados, de los cuales 3.053 están en trámite
de protección y sólo 378 están catalogados.
Números que contrastan con los de otra ciudad emblemática del cono sur, Río de
Janeiro (Brasil), que cuenta con 15.000 edificios protegidos.
La voracidad inmobiliaria ha empezado a pasar ya factura a Buenos Aires, cuya
candidatura como "paisaje cultural" fue rechazada en la última Reunión del
Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO en Quebec, Canadá.
"Queda claro que las demoliciones son numerosas y que no parece haber ninguna
intención de limitar de manera significativa su número", apuntaba el informe
técnico elaborado por miembros del Comité.
Aún así no todas son malas noticias para los viejos edificios porteños,
amenazados no sólo por las grúas sino también por el abandono y la falta de
mantenimiento.
Varios proyectos de ley en trámite apuestan por su conservación, entre ellos,
uno inspirado en Nueva York y Sao Paulo que plantea la posibilidad de vender
la superficie no construida en parcelas con edificios protegidos para que se
utilice en otras áreas de la ciudad que admiten mayor capacidad constructiva.