OSVALDO ARDIZZONE Y SU HOMBRE COMÚN

Buenos Aires Sos (BAS).- Junio 2008.- (Por Osvaldo Ardizzone).- ¿Vos, Juan, me preguntás cuál es la alternativa, cuál es la posición que hay que asumir frente a este trance que enfrenta el país? ¡Ah, si supiese, Juan ! Pero cada día más que pasa nos quedan menos y, por mi parte, te estoy por decir que ninguna...
Sabés cuál es la sensación que experimento? Que, de a poco,
de a poco, me fui convirtiendo en el arquero de equipo chico, de esos equipos
que salen a la cancha como preliminar de Primera D para salvarse del descenso
como máxima aspiración…¡Arquero de equipo chico!
Yo que, como vos, como la mayoría, soñamos para ser algún día Bernabé Ferreira, Adolfo
Pontoni, para sentirnos uno de esos números nueve para meterla adentro, para
gritar gol…Y, en cambio, concluimos condenados –o resignados- a que te maten a
pelotazos desde todos los ángulos, de visitante y de local, a enfrentarte mano
a mano, desamparado, desguarnecido con el atacante contrario que llega armado y
sin marca, ya pisando "las 18" tuyas, que te parece un oficial de justicia en
"las 18" tuyas, sin stopper, sin último hombre, sin cierre de los laterales…
Y, entonces, a morir, a salirle al cuerpo, a matarlo, sí
podés, para que no te invadan tu casa, para que no se te metan adentro. Aunque, por lo general, tu destino de sábado
inglés o yanqui es ir a buscarla adentro, al fondo de la red para que los
tuyos, los que están en el mismo barco
que vos, saquen otra vez del medio, con la cabeza gacha, con los brazos caídos
al costado del cuerpo y vuelta a empezar.
¿Te acordás, Juan, de aquel estilo campero del Vasco
Trilles, del Viejo Pancho? Aquel que
grabó Gardel, que se llama "Opa,opa"… Recuerdo algunos versos del tema…Es un
tropero que anda de arreo y se enfrenta con un paisano que esperaba el anochecer en la puerta del rancho, ya de
olvido, de regreso de muchas cosas de la vida.
Y se oye en la voz del tropero…"Voy pa' la tablada de los gauchos zonzos/ a
venderles miles de esperanzas gordas". Y
el paisano, sonriendo amargamente, le responde con estos versos cargados de
escepticismo…"Si el mercado promete y engolisao/ vuelve a estos pagos en procura de
otras/ no olvide que tengo mis potreros llenos/ Y hasta de regalo se las cedo
tuitas". ¡Qué resignación
desesperanzada!. ¿No, Juan? Después concluye el tema con la respuesta tan
amarga y tan escéptica del arriero que andaba buscando mercado "pa' los gauchos
zonzos"…"Sonrióse el tropero que era El Desengaño/ taloneó el matungo derecho a
las sombras/ y aún trae a mis oídos el
viento de la noche/ el grito campero de opa,opa,opa".
Al cabo, Juan, concluimos en "las esperanzas gordas"
del arquero de equipo chico. Terminás en el más crudo de los escepticismos. Y,
entonces, sos un tipo muerto, liquidado. Porque te amputás la más fecunda de
las riquezas del hombre que es la de creer, la de soñar, la de levantar los
ojos al cielo…
Y si el escepticismo no sirve, ¿qué queda? ¿el optimismo?.
Pero ¿cuál optimismo? ¿El centro de la olla para que saltemos todos? ¿La
esperanza de un gol que sólo podés gritar por una jugada de tiro libre? ¿El
optimismo tabacal que te contagia ese rubio de ojos claros que anda siempre en
jeep y que te soluciona todo con la fe que le proporciona una marca de
cigarrillos? ¿El Prode? ¿La quiniela?
¿La Trifecta en Palermo? No sirve
el escepticismo, tampoco el optimismo de la señora de Gandulfo que te propone
un menú económico que nunca podrás comer…
¿Qué te queda? ¿La ironía, la burla, reírte de la austeridad
que van a instalar en los órganos de difusión del Estado, del contrato de Mirtha
Legrand? No, Juan. La ironía no sirve tampoco porque te va
sustrayendo la ternura, la poca ternura que te queda para poder ser feliz. La ironía como actitud en la vida, es
negativa. Te roba capacidad de dolor, se transforma en humor ácido que lastima,
hiere, destruye. ¿Qué te queda, Juan? La rebeldía, sí: la rebeldía que, al
menos, es una de las actitudes más dignas, más honestas. Pero, decime, Juan…¿se puede vivir en eterna
actitud de rebeldía? Porque lo principal de todo esto es vivir, ¿te das cuenta,
Juan?.
¡Y todo lo que implica v-i-v-i-r,
Juan, como ser humano! Trabajar en paz con vos mismo. Ganarte un salario
más o menos digno. Saber que llevás a tu
casa unos cuantos mangos para que se enciendan las hornallas, para que el
laurel arome la cocina, para que se escuche una carcajada en la mesa de todos
los días, para que compartas con tu hijo –el que ya cursa el séptimo grado- el
sueño de un futuro con "esperanzas gordas", pero "sin
gauchos zonzos". Para que cada
mañana arome el café un despertar de guardapolvos blancos, de trabajo seguro,
de un fin de mes con esperanzas, con amores, con un libro, con un domingo de
cine, con un paseo, sin angustias, sin zozobras, sin miedos, sin fantasmas, sin
nueves contrarios que te lleguen a "tus 18" con pelota dominada. V-i-v-i-r Juan, nada más que vivir como
persona…
Alguna vez leí por ahí que uno se puede salvar refugiándose
en el Arte. Pero es que yo artista no soy.
Otros proclaman que sólo los ideales fortalecen, aunque ya tengo miedo
que los míos se tornen frágiles. Queda
el amor. ¿No se cansará también de mis
fracasos, de mis decepciones, de mis broncas, de mis escepticismos, de mis
rebeldías?
Al cabo, nada más que arquero de equipo chico. Por ahora,
otra alternativa no queda, Juan. Al
menos jugar contra el cero. Erguido por
dentro. Digno. Entero.
Y seguir comprando "esperanzas gordas" como un "gaucho
zonzo", como el tropero del Viejo Pancho….Las que te venden…. (Publicado e 2/2/82)