Museo Fotográfico
BAR PALACIOS DONDE MILES DE CÁMARAS ACOMPAÑAN UN BUEN CAFÉ

Buenos Aires Sos (BAS).- Abril 2008.- (Por Guillermo Denis).- Uno llega y ya tiene la extraña sensación de que centenares de fotógrafos lo están poniendo en foco para que desde una vieja KodaK, modelo 60, o desde una polaroid de visores directos, lo van a escrachar para luego formar parte de las muestras que desde las paredes reflejan el Buenos Aires de 1870 o a un Gardel en pleno abasto cantando “Volver”.
El Bar Palacios,
ubicado en Federico Lacroze al 3900, esquina Fraga, tiene la particularidad de
servir unos capuchinos bien equilibrados entre leche, café, crema, canela y
chocolate; y al mismo tiempo ser un Museo Fotográfico, denominado "Simik",
apellido de su creador, Alejandro Simik.
Designado, en
el 2002, patrimonio histórico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el
Bar-Museo cuenta con más de 4.000 imágenes fotográficas de los siglos XIX
y XX, que por una cuestión de espacio se van rotando y exhibiendo temáticamente.
Alejandro Simik
cuenta: "alrededor de 1995 me regalaron mi primera cámara de fuelle Kodak de
los años 30. Como todo fotógrafo comencé a experimentar con ella, desde ése
momento me metí en el mundo de la búsqueda de nuevas imágenes y a coleccionar cámaras
antiguas. En diez años El Bar Palacios se ha convertido en una historia viva de
la fotografía.
Viejos buscadores
de imágenes de cuerpos, calles, acontecimientos históricos iniciaron un largo
camino en la búsqueda de cámaras y registros fotográficos. Son los que hoy
"tomaron" cada rincón del Bar Palacios. Uno no sólo se sienta a tomar un café o
un buen capuchino, sino a envolverse de la historia, de un mundo reflejado por
ojos atentos a gatillar su cámara en el momento oportuno.
"Lo que nos
diferencia de otros clubes o centros -dice Alejandro- es que aquí salimos a
hacer fotos con cámaras antiguas, por ello creamos 'El Club de Fotógrafos de
Cámaras Antiguas', el reto es poder hacerla con el espíritu que lo hicieron
nuestros antecesores".
Sentarse en el
Bar ya es toda una hermosa sensación que a uno lo ubica fuera del tiempo real.
Se puede saber que está en Chacarita, pero por momentos, se imagina (a
partir de las excelentes fotos) en un muelle, un tranvía de 1930 o en un
conventillo de Mataderos, con los caballos en la puerta y todo.
Si un día de
otoño, cuando las hojas se dejan llevar al ritmo del viento, y se esparcen, por
las ahora anchas veredas de Lacroze, usted quiere aislarse de una rutina
cansadora o rodearse de historia, no lo dude vaya al Bar Palacios.
Y no se ponga en
pose de ser fotografiado, las cámaras lo miran pero si no aparece el dedo de
Daguerre ( iniciador del método fotográfico) usted estará . Pero no. ¿Entiende?