Entrevista a Chico Novarro
"QUE EL RITMO NO LO PONGA EL MARKETING"

Buenos Aires Sos (BAS).- Marzo 2008.- (Por Javier Rombouts).- Chico Novarro suele estar en boca de todos. No porque se lo vaya nombrando todo el tiempo por las calles, sino porque tanto grandes como chicos conocen al menos uno de sus temas. Y no sólo aquellos que, a principios de los 60, hacían bailar a los adolescentes, como “El orangután”, sino también los que impuso durante su posterior incursión en el bolero y el tango.
Y, sin embargo, hace cuatro años que no edita discos
porque, asegura: "Las compañías no respaldan a los músicos populares.
Hoy las discográficas editan sólo lo que funciona en la televisión".
–¿Cómo se construye una canción popular para que la canten todos?
–Se construye sin saberlo. Por ejemplo, “Algo contigo”
es un tema que cuando lo escribí pensé que no iba a funcionar. Y al
principio tuve razón porque durante mucho tiempo no tuvo otra grabación
que la mía. Pero de golpe empezaron a llegar grabaciones importantes,
de artistas de todo el mundo. Lo mismo ocurrió con “Cómo”, la canción
que grabó Luis Miguel, que en México tiene 35 interpretaciones
distintas. Pero un éxito no lo podés medir, no sabés. Y también sucede
a la inversa: hay canciones que pensás que va a cantar todo el mundo y
no las canta nadie.
–Generar tantos éxitos le habrá dejado una buena ganancia, ¿no?
–La verdad es que no. Porque hay canciones como “Un
sábado más” que no vendió muchos discos. Y sin embargo es un tema muy
conocido. De hecho, a mi último espectáculo le puse ese título porque
sé que es un tema que conocen todos. Lo mismo me pasó con “Carta de un
león a otro”.
–En los últimos años hizo una serie importante de espectáculos. ¿Por qué no edita discos nuevos?
–Es difícil ese asunto y complejo al mismo tiempo. Por
un lado, nunca fue tan fácil editar un disco como ahora. Por el otro, y
justamente por el motivo anterior, cada día es más complicado hacer un
disco y que logre cierta repercusión. Realicé dos o tres discos nuevos
de producción propia porque las compañías ya no respaldan a los
cantantes populares. Hice uno de tango y otro de boleros, pero a las
compañías les reditúa más juntar a un grupo de adolescentes en un
programita de reality show y, entre lágrimas y cámaras que reflejan
intimidades, editarles el disco.
–¿La música popular argentina está en retroceso?
–La música popular marcha al ritmo del que pone más
guita. Hoy está dominada por el manejo de los medios que hacen las
compañías grabadoras, las que velan por sus intereses. Y ellos son los
que difunden, los que distribuyen. Lo que te dije, los pibes en un
programa de televisión, en medio de un concurso. Eso es lo que les
resulta. Cambió el negocio. Creo que, debido a esto, en el gusto
popular hubo una involución: a la gente ahora le gusta cualquier cosa.
La televisión le marca el gusto.
–¿El tango es una suerte de trinchera en este sentido?
–El tango se hizo fuerte en los últimos años por el
baile. Pero como mercado discográfico no pasa nada. Debería aparecer un
Luis Miguel del tango. Además, con las bajadas por Internet, cada vez
el negocio de la música se achica más.
–Escribió muchos boleros y no tantos tangos ¿qué diferencia encuentra entre un género y el otro?
–El bolero es mucho más sencillo, es una música
dedicada al corazón, muchas veces superficial. Por supuesto, ha tenido
importantes creadores que intentaron darle un poco más de profundidad y
contenido, como Álvaro Carrillo, el autor de “Sabor a mí” o Luis
Demetrio, con “La puerta”. Pero así y todo no puede competir con el
tango. El tango es puro sentimiento, de una profundidad difícil de
comprender. Además, es difícil: difícil de decir, difícil de sentir y
expresar. Y para un compositor se trata de un género largo porque tiene
primera, segunda y primera bis. Eso es muy bravo. Y, por último, hay
que sentirlo y el que no es de acá no lo siente. Creo que la poética
del tango es inigualable. No hay ninguna otra música con letras tan
profundas. Ni el jazz, ni la bossa nova, ni el blues, ni el rock se le
pueden comparar.
–¿Entonces era más sencillo cuando empezó a componer inclinarse por el bolero y no por el tango?
–Bueno, es que mi primera relación con el tango fue
sólo como cantante. El tango siempre lo llevé adentro pero como
compositor me fui inclinando hacia otros ritmos. Y volví al tango a
partir de mi amistad con Eladia Blázquez. Ella fue quien me introdujo
nuevamente en el tango. Ahí hago un quiebre y empiezo a componer mis
primeros tangos: “Balance”, “Cantata de Buenos Aires”. Pero nunca fui
un compositor de tangos full time. De hecho, el resto de mis tangos fue
surgiendo como una necesidad de los espectáculos que estaba haciendo.
Incluso, los más importantes de mi carrera como “Cordón” y “El último
round”. Siempre aparecieron a partir de un motivo específico. Nunca
dije largo el bolero y me dedico al tango.
–¿Por qué nunca quiso largar el bolero?
–En verdad, me hubiera encantando dedicarme sólo a
componer tangos. Pero en los setenta y en los ochenta había varios
impedimentos. A Eladia y a mí los únicos intérpretes que nos daban
bolilla para grabar eran los que recién empezaban. En su momento,
estaban Rubén Juárez y Néstor Fabián, que eran tipos a los que les
gustaba el repertorio de Eladia y también el mío. El resto, se hacían
los distraídos. Muchos cantantes tradicionales se negaban a cantar
nuestros tangos. O decían que no les gustaba mi estilo de escribir
porque eran letras medio difíciles de cantar. Pero también yo puse algo
de mi parte: nunca tuve la constancia para imponer mi estilo. De
cualquier modo, siempre sentí que el tango es parte de mi esencia.
–¿Le parece que eso que iniciaron usted, Eladia y
Horacio Ferrer, tiene hoy seguidores? ¿Hay gente que está escribiendo
tangos con cierta cuota de actualidad en el lenguaje?
–Sí, ahora hay cierto movimiento. Hay músicos muy
jóvenes haciendo tangos, hay nuevos autores que meten cosas diferentes,
actuales. Y espero que esa sea la gran salida del género.
–¿Cree que les va a resultar tan difícil como a usted y a Eladia?
–Espero que no. Porque a Eladia y a mí nos costó
muchísimo. Hubo un hecho histórico: nosotros formamos parte de una
generación que se convirtió en bisagra. El caso que mencionabas de
Ferrer es distinto porque él tuvo la suerte de tener a Astor Piazzolla
al lado. Pero fue un caso en particular, no un movimiento. Nosotros en
cambio fuimos los últimos mohicanos. Estuvimos a la sombra de los
grandes autores de los años 40 y 50. Y cuando queríamos hablar un
idioma más actual, no teníamos recepción. Después ya fue el tiempo del
rock y los mejores escritores de letras se instalaron ahí. Ahora,
algunos se empiezan a volcar al tango. Eso puede funcionar, aunque
quién sabe si será tango. Tal vez sea otra cosa, parecida. En todo
caso, lo importante sería que la música popular no terminara muerta y
que el marketing fuese el asesino .(Publicada por la revista Acción número 997)