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LAS CENIZAS DE MAMÁ

Buenos Aires Sos (BAS).- Marzo 2008.- (Por Alejandro Chass).- “No te cases nunca con un bancario, son aburridos, llegan con pésimo humor y llevan las cuentas de la casa”, premonitora, Rosalía le repiqueteaba la misma cantinela a Victoria, desde que ésta a sus 13 años descubrió, no con poco estupor, que de ella, de su sexualidad salía sangre.

 -¡Mamá estoy sangrando, algo me pasa!-, dijo un otoño de 1967.

-Nena, quedate tranquila-,  es normal, toma ponéte  este  algodón y espera unos días, pasará-, sentenció su mamá Rosalía, mientras seguía leyendo Radiolandia.

Décadas dándole indicaciones y sugerencias. Vestimentas, viajes, amistades y novios pasaron por el tamiz de su madre. Hecha a imagen y semejanza de una persona frustrada, gris plomo, asexuada, sin miradas futuras y resentida. Especialmente resentida.

Esposa de Enrique, bancario, su primer novio "el único que me tocó en la vida", tiraba a repetición como si ello fuera la gloria de algún triunfo.

Victoria, sostuvo, sostuvo los acosos verbales y las miradas de orden. Todo hasta que conoció a Rubén.

Baile de carnaval, en un descuido del periscopio que ponía a funcionar Rosalía en los Bailes, él le metió un beso eterno. A los seis meses casamiento. Al año la primera niña: Elena, luego vinieron Rebeca, Martín y Diego.

Rubén, caló en el banco de Enrique, fallecido. Muerte súbita y descanso eterno.

Rosalía se instaló por decreto maternal en la casa de su hija. Departamento de tres ambientes, piso octavo, en Caballito.

Y no paraba "para que te casaste con un bancario", "para qué tantos hijos", "estás hecha una vieja" y seguía, horas, horas. La telenovela la llamaba a silencio.

El mismo silencio eterno a la que la llevó volando desde la altura del balcón ante un certero empuje de Victoria.

Quien ya tenía el testamento de su madre "si me muero, me creman y me ponen en una urna en la casa de mi única hija".

Así fue. Mandato cumplido. La urna en el ropero de la habitación matrimonial, con una ausente: su hija, quien partió con unos pesos ahorrados, pequeña muda de ropa y no volvió jamás.

Rubén, se quedó con los hijos y las cenizas de Rosalía acompañándolo.Atónito. Muy.

"Nunca dejes que tu madre marque el rumbo de la vida que transitas", se repite todos los días Victoria, en algún lugar del mundo. Lo hace como un rezo.

Quizás su justificación.


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