Semana Santa
CUENTO DE OSVALDO ARDIZZONE

Buenos Aires Sos (BAS).-Marzo 2008.- (Publicado el 24/4/81). ¿Te das cuenta,Juan, la significación que alcanzan algunas fiestas religiosas en nosotros?.- No hay nada que hacer, Juan. La tía Eulalia ya empieza a preguntar los precios del bacalao dos semanas antes. Y el relleno de las empanadas de vigilia...Y el pavo a la manzana para el domingo de Pascuas, más las tortas, los huevos de chocolate para los sobrinos...
¡Qué peso alcanzan las tradiciones en nuestras vidas...! Me
acuerdo de mi vida de chiquilín, allá en la Boca...Mi pobre vieja
respetaba todo el ritual de la semana, trataba por todos los medios que
no pecara violando el menú establecido...
Me llevaba a la parroquia de San Juan Evangelista, que todavía
sigue guapeando con su musical campanario que transmitía el eco
de sus bronces acariciados por las manos del viejo Don Daniel, a las
diez de la mañana del sábado de Gloria. Entonces, con la
misma religiosa fidelidad de todos los años, mi vieja me llevaba
hasta la pileta de la cocina y me obligaba a lavarme la cara...Y
esa ceremonia, Juan, se reproducía en todas las casas de mis
vecinos como débiles cómplices de ese místico llamado de las campanas
de aquel Don Daniel de las patriarcales y plateadas barbas...
¿No te detuviste a meditar, Juan, en todas esas minúsculas
costumbres que concluyen, al cabo, por formar parte de tu vida? Porque
era toda la semana de Pascua.
No el pretexto para hacerse "una escapada" a Mar del Plata o a Punta
del Este o donde fuere, según la capacidad económica de los eternos
turistas y no de todos los comunes asalariados que vos y yo, Juan,
conocemos.
Era la respetuosa conmemoración del gran acontecimiento -tal vez el mayor- de la humanidad.
El cine Olimpia en una matinee sin tanto bullicio como cuando las
películas de Tom Mix o Chaplin...¿Vas a ver La Pasión, Pedrito? ¿Vos
también, Manolo? Y nos ibamos en barra, con los veinte guitas
jugueteando en el bolsillo para la entrada y alguna que otra chirola
para un chocolatín...¿Sabés quien era el caramelero,Juan? El Charro
Moreno...¡Bah...! En ese tiempo era José, que vivía a un par de cuadras
de mi casa...¡Caramelos,chocolatines,pastillas de mente! -era el pregón
de José...Pero, como tenía la voz aflautada, todos los atorrantes lo
cargaban imitándolo...Hasta que José empezaba a las piñas en medio de
la oscuridad.
Hasta que empezaba La Pasión....Entonces, a todos hasta a los más
terrajas, les cazaba la pálida, como dicen lo pibes de
ahora...Gritábamos cuando ese Herodes mandaba a los soldados romanos a
cortarle la cabeza a los pibes recién nacidos...¡Y la bronca que le
tomábamos a ese Pilatos que se lavaba las manos en vez de ayudarlo a
Jesucristo! ¡Y ese Judas cuando lo traiciona con un beso al Maestro...!
Lloraba, Juan, te juro que lloraba, igual que Pedrito, que Manolo, que
la mayoría de los pibes...Cuando llegan al Gólgota...Cuando le clavan
la pica...
¿Sabés, Juan, que era para mí Jesucristo, entonces? El muchacho de
las películas de aventura...Ese que yo, que todos los pibes queríamos
que ganara, que los pise a todos, que no perdonara a nadie...¿Hay que
perdonar, Juan? Sí, porque si no sos capaz de perdonar, tampoco
sos capaz de querer. Y si no sos capaz de querer no das nada...
Pero, después empezás a crecer junto con la vida...Y entonces te los
vas encontrando a todos, a los buenos y a los bandidos. A
Herodes, a Pilatos, a Caifas, a Barrabás, a Judas, a San Francisco, a
San Juan Bautista, a Magdalena...¿Te das cuenta, Juan? De a poco ves
que ganan los fuleros que amasijando el último cacho de candor con
tanta injusticia, con tanto atropello, con tanto Herodes, con tanto
Pilatos, con tantos mercaderes, con tantos fariseos, con tantos
adulones de los césares, así, con minúsculas, Juan.
Y, entonces, te preguntás....¿qué vine a hacer yo aqui, a este
planeta? A pasarla bien, a hacerme el otario, a tirarle una piedra más
a la pobre Magdalena, a alcanzarle la jofaina, el jabón y la toalla a
tanto Pilatos que andan por ahí lavándose las manos, encogiéndose de
hombros, caminando en punta de pie, sentado a la diestra del que gana,
en la misma poltrona que usaban los ayuda de cámara en el Coliseo,
perpetuándose ese funcionario de gran mérito por los servicios
prestados que abre la puerta de la jaula de los leones en la hora
sangrienta del circo que humilla la condición humana, mientras
deleita la sensualidad enfermia de las favoritas...
¿Qué vinimos a hacer aquí, Juan? Cada vez que llegan estas fechas
que me invitan a viajar a mi mundo de candor, de las campanas de Don
Daniel, de mi pobre madre obligándome a que me lave la cara a esa hora
en que resucitaba ese Hombre, me vuelvo a preguntar...A jugarse, porque
si el Padre se hubiese opuesto a la muerte, listo...
¿Sabés a quien aplaudiamos, Juan, en el cine Olimpia, aquel de los
años pibes? A José de Arimatea, a ese tipo que en la calle de la
amargura, le da una mano al Flaco...¡Mirá, Juan, que le digo Flaco con
todo el respeto, con religioso respeto! Pero, el resto, la mayoría se
abrió...Como siempre, Juan a como casi siempre...Lo mismo que ahora,
Juan, aunque la tía Eulalia siga retándome cada vez que lo digo...
Hay Pilatos, tía, siempre los habrá...Son peores que los soplones,
tía, porque, al menos, el ortiva, le digo yo, ya está asumido en su
papel...Pero, el que se lava las manos cuando ve que estan amasijando
al de al lado, cuando ve que te ganan con la mentira, con la fuerza,con
la plata, con el poder, con el verso, con la demagogia, cuando vos
ves que pide una jofaina, un jabón una toalla.
Ya hace muchos años, Juan, que no celebro aquellos ritos de mi mundo
pibe...Los he perdido como tantas otras cosas que fui incorporando a
mis sentimientos, Aunque, a veces, como ahora, me pregunto si no habrá
sido en vano que el Flaco se inmolara en el Gólgota ya que el Papá
disponía del poder divino para impedirlo.
¿Y mis candorosas lágrimas de mi matinee del Olimpia? ¿Y las siete
iglesias llevado por la mano de mi madre? ¿Y las campanas que echaban a
volar las manos musicales del viejo Don Daniel a las diez de la mañana
del sábado de Gloria anunciando la resurrección del Hombre? ¿Y mi madre
lavándome la cara en la pileta de la cocina? ¿Y las empanadas de
vigilia, el bacalao a la española, eldomingo de Ramos, la mesa especial
del domingo de Pascua, el pavo a la manzana, la torta de crema, el
trébol de cuatro hojas elaborado como un amuleto que mi desamparado
asombro se encontró en un huevo de chocolate?...No sé si podria volver
aquella Pasión con la misma desprevenida ingenuidad....La misma vida,
ésta que transito todos los días, me obliga a contemplar los mismos
crueles crímenes, las mismas intrigas, los mismos apetitos de poder,
las mismas torturas, la misma manera de lavarse las manos, la misma
impermeabilidad de ciertos jueces, ante la arbitrariedad de los
poderosos...
Juan...la tía Eulalia me pidió que te invitara el domingo...Trae un
par de botellas de vino espumante. A la tía le gusta, aunque cada día
es más difícil ese tipo de placeres para el paladar...Ella preparó unas
empanadas, un pavo a la manzana, una torta de crema. Yo,
ahora, me voy a comprar un huevo de Pascua. Esos de chocolate...En una
de esas ¿quién te dice que me saco otra vez el trébol de cuatro hojas
como cuando era pibe? Tréla a la Olga, al Carlitos y a la novia...!
¡Si al
menos todo esto, Juan, sirviera para que esto componga un poco! Chau,
Juan, chau. Felices Pascuas a todos...Se dice así ¿no, Roberto
Benedetto? ¡Y vos que andás sin laburo, con tu nena y tus veinticinco
años...!