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PENSAR

Buenos Aires Sos (BAS).- Febrero 2008.- (Por Guillermo Denis).- Se había levantado con fuertes dolores de cabeza, y en partes de su cuerpo, especielmante su mano izquierda. Sabía que la cama era un espacio de su casa, pero su cuerpo y su mente ya no eran lo mismo. Su sintonía había concluido apenas unas horas atrás.
Él había llegado a las 21 horas, como siempre. Una rosa
roja, vino blanco y un pollo a la francesa. Así, como un culto, una
especie de puntualidad crónica que lo había llevado a amar locamente a
esa mujer desde pequeño.
Vecinos. Ventana a ventana se fueron conociendo.
Ella, cantante de bares añejos; él vendedor de seguros y escritor de media agua.
La adolescencia, primero; y la prematura adultez luego
los llevó a un amor mecánico, previsible, preconcebido por la alquimia
de la irracionalidad.
Èl tenía la determinación jugando, como partida de
ajedrez, en su cabeza: matarla. Lentamente. Pequeñas dósis de cianuro
en el vino y en el pollo.
Ella lo sabía. Por eso su mano izquierda no dudó en gatillar seis veces una 22 corta.
El suelo fue el precipicio de una frustación, para él.
Prepararse para el show de esta noche: la prioridad de ella.
Antes se dió un minuto para pensar.
Algo.