La Imagen
ADRIANA LESTIDO: LA PALABRA EN LOS OJOS

Buenos Aires Sos (BAS).- Enero 2008.- (Por Guillermo Denis).- Las palabras las tiene en sus ojos achinados. Su andar cansino se vuelven vértigo certero cuando gatilla la cámara. Desde hace años. Muchos.
Adriana Lestido, nacida en 1955, vivida por sus miradas que exploran y explotan en temáticas que duelen, que laten, que sueñan y que lastiman. Como LA VIDA.
Lestido
gusta del tiempo y el espacio íntimo. Lo absorbe con pasmosa
tranquilidad, la misma que la puede encontrar dentro de una cárcel de
mujeres conviviendo con ellas por meses, y reflejarlas en "Mujeres
Presas con sus Hijos". Mostrar que un muro no detiene cuotas de
felicidad y que el encierro del sistema es la crueldad misma.
Adriana
o "la negra Lestido", sabe de tacto y su olfato (gato) la lleva al
zarpazo de un dedo, en sintonía con el iris para reflejar el dolor de
siempre, como en la foto que muestra a madre e hija con el pañuelo
blanco de los jueves, de los jueves que resisten y resisten. Y que dio
vueltas el mundo.
Diarios,
revistas, agencia de noticias la tuvieron como Fotoperiodista en una
primera etapa. Nunca le esquivó al bulto. Como cuando en plena
dictadura, iba y venía, de aquí para allí y dar en el blanco de
represores que impedían manifestaciones a golpes, cuando durante años
lo hacían a picana y muerte.
Algo que Adriana padeció en sus más internas cercanías.
Sigue recorriendo la ciudad, el interior (de las personas) y el mundo. No la inmutaron los premios ni las luces de neón.
Es como la
esquina de "La Imagen": iluminada y oculta. Bella y dura. Se pierde y
se encuentra. Incluso en alguna esquina de Buenos Aires, donde mientras
mira gatilla, mientras escucha imagina una forma. La que la llevó a
darle luz a tantas oscuridades, o hacer opaco el brillo.
Al decir de Italo Calviño: "El infierno
de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el
infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay
dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el
infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La
segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar, y
saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que
dure, y dejarle espacio." ( Ciudades Invisibles).