Teatro Comunitario
EL IRRESISTIBLE ENCANTO DEL ARTE POPULAR

Buenos Aires Sos (BAS).- Diciembre 2007.- “El teatro comunitario surge como una necesidad de un grupo de personas de determinada región, barrio o población de reunirse, agruparse y comunicarse a través del teatro. Es un tipo de manifestación y expresión artística que parte de la premisa de que el arte es un derecho de todo ciudadano y que, como la salud, el alimento y la educación, debe estar entre sus prioridades.."
"Por esta razón propone a la comunidad asumirlo como
tal y no delegarlo en otros. El teatro comunitario es de y para la
comunidad; no se concibe como un pasatiempos, un lugar de ocio o
esparcimiento ni como un espacio terapéutico sino como una forma de
producción, un espacio para la voluntad de hacer o de construir. (...)
Los integrantes de una agrupación teatral comunitaria se denominan
vecinos-actores, son amateurs en el sentido francés de la palabra
porque hacen lo que aman y no perciben dinero por ello”.

La
definición que cita la investigadora Marcela Bidegain forma parte de
Teatro comunitario. Resistencia y transformación social, un ensayo
publicado este año que constituye el primer intento serio de
clasificar, ordenar y evaluar a ese vasto movimiento que ya puede
considerarse un fenómeno cultural.
Por varios motivos, el año 2007 es revelador de ese
crecimiento: muchos de los grupos se afianzaron en los últimos meses,
en tanto surgían otros en las provincias, las reuniones entre todos
ellos se han sistematizado a través de una Red, el libro precursor de
Bidegain es una culminación y su mirada crítica, una dimensión
necesaria. Ricardo Talento y Adhemar Bianchi, dos directores
emblemáticos del teatro comunitario, lo dicen con claridad en el
prólogo: “A nosotros, los que estamos ‘bailando’, nos resulta difícil
narrar el baile, no es por falsa modestia, es porque si uno baila y
cuenta cómo lo está haciendo es posible que pierda el paso”.
Acción quiso esta vez designar Protagonistas del año a
las mujeres y a los hombres del teatro comunitario y eligió la sala
Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini como
el gran escenario del encuentro. En plena avenida Corrientes, parte
esencial de la agenda teatral de Buenos Aires, los espectáculos del CCC
son también una decidida apuesta al arte en tanto fuente de creación
popular.
Como señaló el director de Acción, Ulises Gorini, al
recibir a los invitados, el reconocimiento que este quincenario tributa
desde hace muchos años a personalidades destacadas de la política, la
economía, la cultura y los derechos humanos, en la última década se
orientó a realizaciones colectivas. Y hay una sintonía entre esas
elecciones y la razón de ser del movimiento cooperativo, su doble
carácter de empresa eficiente y de organización social con voluntad
transformadora. Acompañaron esos momentos de Acción con los creadores
del teatro comunitario, el presidente y el gerente general del IMFC,
Segundo Camuratti y Edgardo Form, respectivamente, el director del CCC,
Juan Carlos Junio, y el ex director de este periódico, Roberto Gómez,
junto con miembros de la redacción.
Por estar en la Capital Federal y contar con una mayor
(aunque insuficiente) difusión, grupos como Catalinas Sur y Circuito
Cultural Barracas han tenido más trascendencia y son ya clásicos
espectáculos como Venimos de muy lejos y El Fulgor Argentino (que se
representaron en el Galpón de Catalinas, de la calle Pérez Galdós, en
La Boca) o Los chicos del cordel y El casamiento de Anita y Mirko (en
calles o en un galpón de Barracas). Con similar inspiración, las demás
agrupaciones han abordado la historia y la realidad cotidiana del
pueblo o del barrio donde viven; los recuerdos personales de los
propios vecinos-actores y las entrevistas con viejos habitantes dan el
punto de partida a las improvisaciones. De esa manera (y no de un texto
previo escrito por un autor) se comienza la indagación artística que
meses, quizás años, después se materializará en un espectáculo. Puede
decirse que estos grupos han sabido decantar y procesar diversos
estilos: desde la herencia de géneros considerados menores (como el
circo criollo y el radioteatro), la tradición del sainete y el modelo
de notorios intérpretes populares, hasta la creación colectiva de los
70, con su fuerte carga política e ideológica. El teatro comunitario
parece ser el teatro popular del siglo XXI.
“Para el teatrista comunitario –dice Marcela Bidegain–
toda persona es esencialmente creativa, el problema es que en el
discurrir de la vida esa capacidad se va cercenando, mutilando y
coartando. De alguna manera es lo que el poder le va quitando al
hombre, creador por excelencia, porque es lo verdaderamente peligroso
del ser humano. La creatividad subvierte y puede ser sospechosa, tiene
que ver con la emoción rebelde que paraliza y molesta al pensamiento
hegemónico” (Artículo publicado en la revista Acción Nº 993)