Plagas urbanas
INSECTICIDAS PEORES QUE LOS INSECTOS

Buenos Aires Sos (BAS).- Noviembre 2007.- (Por Antonio Elio Brailovsky).- Voy a mencionar la historia de un insecticida peligroso, que es el que se usa en muchos países del Tercer Mundo para combatir las cucarachas en comercios y domicilios. En Estados Unidos está prohibido para usos domiciliarios por tener efectos cancerígenos y se lo reemplaza por otros de menor riesgo. Mientras que entre nosotros, se utiliza ampliamente
La necesidad de
controlar las plagas urbanas es obvia y creemos que no necesita de
fundamentación especial.
Baste recordar que la falta de higiene y la ausencia de
control de ratas en las ciudades medievales desencadenó la epidemia de peste
bubónica que mató a la tercera parte de la población europea. O que las
cucarachas son vectores en la expansión del cólera, para concluir que es
necesario activar dicho control. No hay dudas sobre su urgencia, la única
discusión posible es sobre la mejor manera de hacerlo.
Tenemos que recordar
que un plaguicida es un contaminante obligado. Es decir, que en otras
actividades, la contaminación es un accidente o un acto de irresponsabilidad. En
cambio, la aplicación de plaguicidas es un acto de contaminación deliberada, por
el cual se incorpora una sustancia tóxica al medio ambiente. Se trata de
sustancias cuyo objetivo es destruir seres vivientes, lo que significa que no
pueden ser inocuas para las personas, a pesar de lo que diga la publicidad
orientada por intereses sectoriales.
Sin embargo, habitualmente se maneja entre
nosotros la ficción de que los insecticidas no dañan a los seres humanos y no se
adoptan las necesarias prevenciones para evitar esos daños.
Se afirma, por
ejemplo, que la mayor parte de los plaguicidas de uso en sanidad ambiental no
implican serios peligros para la salud humana. Sin embargo, los plaguicidas
suelen ser muy volátiles e intoxican también por inhalación. Esto hace que la
frecuencia de daños a la salud humana sea elevada, y también requieren un mayor
cuidado que con otras sustancias, cuyo nivel de toxicidad en las tablas parece
semejante.
Hoy personas sin
ningún conocimiento de los riesgos toxicológicos de las sustancias que aplican
se meten en nuestras casas y fumigan nuestra cocina, casi siempre con productos
cancerígenos que están prohibidos en sus países de origen. Esas personas dejan
residuos tóxicos en la vajilla que usamos todos los días, en las latas de
alimentos del supermercado, en los depósitos de harina de la panadería del
barrio, o en los juguetes exhibidos en los comercios a la espera de que los
llevemos para nuestros hijos. Todo esto configura un riesgo aún mayor del que se
intenta prevenir con la fumigación.
Es tiempo de pensar en
retirar del mercado un plaguicida de alta toxicidad sobre los seres humanos y
demás animales de sangre caliente, que no debe ser utilizado como insecticida
para usos domiciliarios. Se trata del DDVP, conocido como Vapona, y cuyo nombre
químico es 2,2-Diclorovinil dimetil fosfato.
Alguna vez fue publicitado con la consigna singularmente profética:
"Shelltox con Vapona
no perdona".
Dicho producto tiene
un riesgo toxicológico elevado y es el responsable de la mayor parte de los
accidentes que ocurren con plaguicidas en las áreas urbanas. Su toxicidad es
mucho más elevada que la de los demás plaguicidas utilizados y se aproxima a la
de aquellos de uso rural (es decir, que sólo se emplean a campo
abierto).
Su empleo habitual es
un buen ejemplo de la necesidad de que el Estado regule estrictamente el uso de
sustancias tóxicas. En efecto, para la eliminación de las cucarachas, por
ejemplo, basta con emplear plaguicidas de más baja toxicidad como son los
piretroides (como la decametrina, por ejemplo). Sin embargo, el uso de
piretroides afecta los hábitos de las cucarachas y éstas se desplazan a la luz y
se hacen ver durante varias horas antes de morir por efectos del plaguicida.
Desde el punto de
vista comercial, un local en el cual el público puede ver los insectos que
habitualmente están ocultos tendrá dificultades con su clientela. Lo más lógico
y más seguro sería cerrar el local hasta que las cucarachas acabaran de morir y
hasta que el plaguicida perdiera su efecto tóxico sobre los seres humanos. En
vez de esto, se agrega un plagicida más tóxico (el DDVP o Vapona), que asegura
la muerte de los insectos en el momento de la fumigación. El comerciante
mantiene su local abierto (no pierde uno o dos días de ventas), pero expone a su
personal y a su clientela a los efectos de una sustancia tóxica que otros países
han rechazado para estos usos.
Tenemos que destacar
que las normas y especificaciones técnicas de los Estados Unidos establecen que
los sitios fumigados con este producto permanecen peligrosos para los seres
humanos por lo menos durante 24 horas. De modo que utilizarlo para facilitar un
empleo inmediato de las instalaciones es una grave irresponsabilidad y,
eventualmente, un acto criminal.
En febrero de
1988, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) inició la
revisión de las autorizaciones para el uso de este plaguicida, las que quedaron
completadas en marzo de 1992. Este producto provoca riesgos de cáncer y posee
márgenes de seguridad inadecuados en la inhibición de la colinesterasa. Los
productos que lo contienen deben llevar el rótulo "Peligro – Veneno".
El DDVP o Vapona
es un insecticida de la clase de los organofosforados. Esto significa que es de
los de más alta toxicidad. Un insecticida de esta clase, el Parathion está
prohibido en Argentina y en la mayor parte del mundo para cualquier uso.
El DDVP o Vapona
es altamente tóxico por inhalación, absorción dérmica y por ingestión. Como es
un producto volátil, la inhalación es la ruta de exposición más frecuente.
Comparando con el envenenamiento producido por otros plaguicidas, la
intoxicación con este producto provoca síntomas que aparecen con mayor rapidez,
y asimismo, la recuperación de los afectados ocurre en menos tiempo. Esto se
debe a que es rápidamente metabolizado y eliminado del cuerpo humano. Las
personas con capacidad pulmonar reducida, antecedentes de convulsiones o
reciente exposición a inhibidores de la colinesterasa tienen el mayor riesgo
ante la exposición a esta sustancia.
Es altamente
tóxico por todas las rutas de exposición. Cuando se lo inhala, sus primeros
efectos son habitualmente respiratorios y pueden incluir ahogos, tos, exceso de
fluido en los bronquios, etc. El contacto con esta sustancia puede causar
contracciones musculares involuntarias. El contacto con los ojos causa
contracción de las pupilas, visión borrosa, etc. A partir de la exposición por
una vía cualquiera, pueden aparecer otros efectos sistémicos a los pocos minutos
o a las 12 horas. Pueden incluir náuseas, vómitos, dolores abdominales, diarrea,
visión borrosa, contracción o dilatación de las pupilas, salivación, confusión
mental, etc. Una intoxicación severa afectará el sistema nervioso central,
produciendo incoordinación, baja en los reflejos, fatiga, contracciones
musculares involuntarias, temblores, y, eventualmente parálisis en las
extremidades y en los músculos respiratorios. En casos graves puede ocurrir
defecación involuntaria, psicosis, pérdida del conocimiento, convulsiones y
coma. Puede causar la muerte por paro cardíaco o
respiratorio.
Estos síntomas
pueden aparecer hasta 4 semanas después de una exposición aguda, por lo cual es
difícil que los intoxicados asocien los síntomas con la contaminación que los
provoca.
La exposición
prolongada causa los mismos efectos que una intoxicación aguda. Los trabajadores
sometidos a una exposición repetida de esta sustancia tienen síntomas tales como
pérdida de memoria y concentración, desorientación, depresiones severas,
irritabilidad, confusión, pesadillas, sonambulismo e
insomnio.
Esta sustancia
ha sido clasificada como carcinógeno por la Agencia de Protección Ambiental de
los Estados Unidos (EPA) debido a los resultados de tests en ratas de
laboratorio. Se notó en ejemplares de laboratorio un significativo incremento de
casos de leucemia y también de tumores benignos en páncreas y glándulas
mamarias.
También afecta
el sistema nervioso a través de la inhibición de la colinesterasa, una enzima
requerida parael funcionamiento del mismo.
Con respecto a
este producto, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos lo ha
prohibido, entre otros, para los siguientes usos, en una solicitud fechada el 28
de septiembre de 1995:
·
Todos los usos en
domicilios.
·
Fumigación de plantas
de tabaco.
·
Jardines, campos
hípicos, áreas comerciales, institucionales, industriales, aviones, camiones,
barcos, vagones ferroviarios, etc.
·
Embalajes de
productos no perecederos.
En cuanto a la
toxicidad de esta sustancia, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados
Unidos (EPA) ha estimado una dosis letal oral (DL 50) en roedores de 50
miligramos por kilo. Es decir, que basta la ingestión de 50 miligramos por cada
kilo de peso del animal para matar la mitad de una población de roedores en 24
horas. O sea, la ingestión de 3.500
miligramos (es decir, apenas tres gramos y medio) es suficiente para matar a una
persona de 70 kilos.
Para dar un término de
comparación con otros productos también de uso habitual entre nosotros, la
permetrina, se requieren 4.000 miligramos por kilo de peso para matar un roedor
en laboratorio. Esto significa que se requiere la ingestión de 280.000
miligramos (es decir, 280 gramos) para matar a una persona de 70 kilos.
Un estudio de la
Universidad de Texas destaca que algunos pesticidas usados hasta hace poco
tiempo en los hogares son especialmente peligrosos para los niños, como el DDVP
(Vapona). Explican que el DDVP sublima directamente de la fase sólida a la de
vapor y que posteriormente recristaliza dejando depósitos tóxicos en pisos,
paredes o muebles. "En 1988 –agregan- estudios de largo plazo mostraron que el
DDVP causa daños en hígado y provoca tumores. EPA suspendió todos sus usos
domiciliarios en 1989, aunque todavía hay casas que lo usan". Estos datos
creemos que son suficientes para prohibir los usos domiciliarios de esta
sustancia.
Agregamos que la
manipulación de sustancias tóxicas en viviendas habitadas significa un doble
riesgo y que esta tarea sólo puede estar a cargo de personal calificado para
ella. Sin embargo, lo habitual es que estas sustancias sean manejadas por
personal de muy baja calificación, con los consiguientes riesgos de accidentes e
intoxicaciones, tanto para dicho personal como para la gente que allí habita y
confía en las empresas de fumigación.
Es sugestivo que se
ponga en riesgo la salud y la vida de tantas personas para lograr un objetivo
tan pequeño como lo es el conseguir que las cucarachas elijan la oscuridad para
morirse.