Buenos Aires Sos (BAS).- Octubre 2007.- (Por Eduardo Aliverti).-A 40 años de su muerte (se cumplen el 9 de octubre), Ernesto Che Guevara sigue siendo el ícono más grande de rebelión ante la injusticia que haya aparecido desde entonces. Más allá de los errores que pudo haber cometido en el terreno militar o político, no es posible encontrar una figura donde se conjuguen incorruptibilidad, valentía y desprendimiento personal como en el Che. Esa inédita síntesis es, sin dudas, la que permite que supere el paso del tiempo.
Por esa razón, el Che se constituye como una figura totalmente
diferente, que cuenta además con un ingrediente no menor, quizás más obvio, pero
indispensable para completar las características de mito insuperable: joven,
hermoso y muerto antes de los 40 años combatiendo en tierra ajena por el
internacionalismo. Virtualmente imposible de ser superado en términos de
concentrar en una sola figura todas esas peculiaridades.
Solo en esa línea de pensamiento se puede hallar cierta
explicación acerca de que la del Che sea una presencia que no solo se mantiene
vigente, sino que se muestra en cada una de las manifestaciones, marchas y
protestas que en el mundo se desarrollan. En todas ellas, si se quiere buscar un
denominador común, ese es el Che.
En una reciente participación televisiva en la que debía
“defender” al Che Guevara, promoví los valores que esgrimió a lo largo de su
vida y su actuación como líder revolucionario, pero de ninguna manera considero
que encarne al argentino tipo, o al “patrón genético nacional”. Se da en este
plano una contradicción. Hay una cantidad de elementos que suelen vincularse con
la “argentinidad”, como la trampa o la picardía, que no tienen absolutamente
nada que ver con Guevara. Por otra parte, si se toman en cuenta su placer por la
lectura, por la cultura, la afición por el deporte, uno podría definir que era
argentino, y yo diría, más bien porteño.
Tampoco puede negarse, lo dijo el propio Fidel Castro, que el Che
siempre pensaba en la Argentina como desembarco final. Fidel lo explica en una
nota que le hiciera Gianni Miná, transformada en libro y video titulado Cuando
pienso en el Che porque así comienza su respuesta Fidel. Una respuesta de cuatro
horas, por cierto. En esa entrevista, hace 20 años, Fidel recuerda la promesa
formulada en México al Che, acerca de que una vez que triunfara la revolución en
Cuba, nada le impediría acudir con su espíritu revolucionario allí donde el
mundo lo requiriese. Fidel contesta, y creo que esto también lo hace admirable,
sobre el carácter temerario de Guevara, incluso hace un cuestionamiento a su
arrojo, a ese ir todo el tiempo al encuentro de la muerte. Al verse cercado en
Bolivia debió cuidarse, escapar, dice Castro, y aclara que bajo ningún aspecto
se lo dejó solo, sino que, por el contrario, no fue posible colaborar más con él
en esas circunstancias. Y afirma también Fidel que el triunfo o no de una
decisión no define su justicia: si no hubiésemos triunfado en Cuba, aclara, si
nos mataban a todos en el desembarco del Granma, no habría significado que
estábamos equivocados. Y concluye que el Che no estaba equivocado en Bolivia,
aunque yo creo que, íntimamente, Fidel piensa que el Che sí se equivocó en
Bolivia.
Desde el presente y hasta donde da la vista no se percibe la
posibilidad de que surja una figura con las características épicas del Che, y
mucho menos en esta etapa mundial en la que la victoria del mercado, la
filosofía del egoísmo y la antisolidaridad difícilmente permitan la aparición de
una personalidad de esas características. Que se impuso además a las de otros
revolucionarios, derrotados por el tamaño alcanzado por Guevara en términos de
consideración mundial, honorabilidad y puesta del cuerpo en defensa de un
ideario. Por caso, el Che superó una prueba muy dura, casi imposible: venció al
marketing, que no logró vaciar de sentido su imagen. Cada pibe que lleva una
remera, un escudo, un tatuaje del Che invita a pensar en quién fue esta figura
que conserva el poder de concentrar semejante grado de admiración. Quizás esa
sea la palabra clave a 40 años de su muerte: por fuera de toda polémica, no hay
personaje en la Argentina que sea tan admirable como él. Por eso creo que hay
mito para rato.
Aun en este mundo unipolar, de concentración globalizada, Guevara
seguirá presente. En cada lugar del mundo donde el espíritu de rebeldía, siempre
latente, requiera de un referente, allí estará el Che.
(Nota publicada en la revista Acción 987, primera quincena octubre 2007)