Tribus urbanas
LA TRIBALIZACIÓN COMO RESISTENCIA

Buenos Aires Sos (BAS).- Agosto 2007.- (Por Rodolfo Etrea).- Las tribus urbanas expresan, según Mario Margulis, una forma de sociabilidad y plantean una doble oposición al proceso de juvenilización y además a las propuestas sociales y culturales relacionadas con la imagen del joven "oficial", legítimo y heredero imaginario del sistema.
El proceso que denominamos juvenilización señala un complejo
articulado de signos que atraviesan el contexto cultural de la
actualidad. El avance de la cultura de la imagen y los lenguajes hegemónicos de la sociedad de consumo.
Se va articulando un proceso característico del mundo juvenil, tales
como pautas estéticas, estilos de vida, consumos, gustos y
preferencias, looks, imágenes e indumentaria.
En cuanto a la construcción imaginaria del joven "oficial",
la moda, la cultura del consumo, la publicidad constituyen factores de
incidencia en la reproducción de conductas. El joven legítimo es
aquel que condensa las cualidades que los grupos dirigentes definen
como requisito para la reproducción de vida, patrimonio y posición
social, el buen hijo del sistema.
El joven legítimo es una construcción social que contiene múltiples
discursos. Es una construcción equilibrada en el que aparece vigoroso,
proteíco, deseable, natural, ahistórico, espontáneo.
Los jóvenes necesitan inclusión, pertenencia y reconocimiento, en síntesis una redución de la incertidumbre.
Cuando no poseen los requisitos exigidos para corporizarse en la
imagen de los herederos, construyen refugios, ámbitos y enclaves
simbólicos que ellos han creado y reconocen como propios.
Los vínculos entre los jóvenes tribales son breves y pasajeros. Los
sujetos se recuestan en las tribus, que son organizaciones fugaces,
inmediatas, calientes, donde prima la proximidad y el contacto, la
necesidad de juntarse sin tarea ni objetivo, por el solo hecho de
estar, según la expresión de Michel Maffesoli "estar juntos sin más".
La investigadora mexicana, Reguillo Cruz, en su libro "Emergencias
de Culturas Juveniles" aporta datos históricos de "Tribus" en
América Latina, emergentes del nuevo poder económico conocido como
neoliberalismo, donde los jóvenes empezaron a ser "responsables" de la
violencia en las ciudades. "Los chavos banda", "los cholos" y los
"punks" en México, los "maras" en Guatemala y El Salvador, los grupos
de "sicarios", "bandas" y "parches" en Colombia, los "landros" de
Venezuela, los "favelados" en Brasil.
Este proceso no sólo se da en América Latina. "Los clikas" en EE.UU,
integradas por minorías culturales, latinos y negros. Los "skinheads"
en Inglaterra, movimiento de "autodefensa frente a la inmigración", los
"blusoin noir" en Francia. El movimiento "anarco punk" y los más
recientes "okupas" en España como movimiento de resistencia a los
valores del neoliberalismo.
En Argentina existen decenas de agrupamientos urbanos juveniles
adscriptos a estilos, géneros musicales e incluso a diferencias
ideológicas.
La mayoría de estas "tribus" tienen una relación directa o indirecta con la cultura del rock y sus distintos subgéneros.
La división roquera del mundo, postulada por los cultores, plantea
permanentemente una contradicción, un enfrentamiento, siempre
actualizado, del cuerpo versus el alma, los "stones" versus los
"beats", "redondos" versus "sónicos, "punkys" versus "hippies", etc.
También encontramos los "bailanteros" asiduos concurrentes a las
bailantas donde se baila música tropical. Este género desemboca en otro
subgénero llamado "cumbia villera" que se caracteriza por su notable y
feroz pertenencia a su hábitat: la villa.
Resulta
urgente "deconstruir" el discurso que a estigmatizado a los jóvenes, a
los empobrecidos principalmente, como los responsables del deterioro y
la violencia, ya que:"...la preocupación de la sociedad no es tanto por
las transformaciones y trastornos que la juventud esta viviendo, sino
más bien por su participación como agente de la inseguridad que vivimos
y por el cuestionamiento que explosivamente hace la juventud de las
mentiras que esta sociedad se mete a sí misma para seguir creyendo en
una normalidad social que el descontento político, la desmoralización y
la agresividad expresiva de los jóvenes estan desenmascarando" (Martín
Barbero,1998).