Buenos Aires Sos (BAS).- Julio 2007.- (Por Beatriz Chisleanschi).- La noticia nos encontró promediando la mañana: “Un conventillo se está incendiando en el barrio de la Boca”; “Una menor quedó atrapada, la encontraron los bomberos”; “Nada se pudo hacer”; “Se desconocen las causas”.
Esa nada que es un todo y que es mucho.
Delia es más que una niña incendiada, es una víctima más de la
indigencia.
Delia no murió, a Delia la mataron quienes desde sus cómodos
sillones siguen planificando y ensayando un mundo para los privilegiados, para
los niños que tienen garantizada una infancia feliz, para los que poco les
interesa la destrucción de una vivienda en un barrio bajo de la Ciudad de Buenos
Aires.
Eran las 9 de la mañana.
El cronista radial terminó de relatar el hecho. Piso.
El conductor señala inmediatamente después: ¡Qué barbaridad! –a
modo de reflexión frente a la situación –y pasa a otro tema.
El oyente piensa con ironía: Señor conductor, ¡Qué barbaridad (Artículo publicado en ANC-UTPBA).-